Los resultados son regulares en Matemáticas, malos en comprensión lectora y pésimos en Ciencias. Las notas de los alumnos han sorprendido no sólo a las autoridades educativas de Euskadi, sino a expertos y responsables de la enseñanza de otras regiones. Han sembrado las dudas sobre un sistema educativo que estaba considerado puntero tanto fuera como dentro de la comunidad. Ha saltado la alerta roja.
En el 2013 ya saltó la alarma con la evaluación diagnóstica (la otra evaluación externa) realizada por el Gobierno Vasco. En ese momento ya se reveló una caída en el rendimiento académico de los alumnos. El Consejo Escolar de Euskadi ya advirtió entonces del escaso avance de los últimos años y el informe PISA lo que ha hecho ha sido ratificar los resultados.
Todo esto ocurre en una comunidad que lidera el ranking de graduados en Secundaria y el de titulados universitarios, que disfruta del mayor ratio profesor-alumno y de la menor tasa de abandono escolar. Euskadi también despunta en el número de estudiantes que tienen un ordenador en sus casas (96%) o en los parámetros que miden los estudios de los padres, en el 68% de las familias al menos uno de los padres ha culminado la educación terciaria (universidad o FP de grado superior). Y para rematar «la jugada» la diferencia que se produce en otras autonomías entre los colegios públicos y privados (los centros privados obtienen mejores calificaciones) no se nota apenas en el caso vasco. Entonces, ¿cómo es posible que en un plazo de tres años el sistema de enseñanza haya pasado de codearse con los mejores a vagar por la senda de la mediocridad?
Podemos empezar a buscar culpables, pero la responsabilidad es del todos. No nos tomamos en serio la educación, no se la toma la clase política y esto cala en todas partes. Hay una falta de compromiso por parte de las familias, los padres se pasan por WhatsApp las obligaciones de sus vástagos, hacen los trabajos de sus hijos, se leen los libros de éstos y realizan las manualidades o deberes que ellos solitos deberían hacer, es la cultura de la facilidad. Tenemos (aquí ya me incluyo) una relación con nuestros hijos muy proteccionista. Vivimos en una sociedad en la que lo que diga el maestro está muy cuestionado. Somos mucho más permisivos con nuestros hijos y menos con los profesores, pero la verdad es que nuestros descendientes se han relajado mucho en el nivel de esfuerzo y sacrificio, de hecho, creo que no saben lo que es eso, a veces tengo la sensación de que piensan que las cosas vienen por ciencia infusa y no, el conocimiento no se obtiene así… ¿qué es lo mejor de todo esto? pues que se ha abierto un debate.
¡¡¡Que nos dure la preocupación!!! ¡¡Hay que mejorar!!
