El pasado lunes a la noche, más de uno celebró la Noche de Brujas o Noche de Difuntos, lo que todos hemos acabado llamando Halloween.
A pesar de que la mayoría piensa que es una «americanada», la realidad es que Halloween es una fiesta de origen pagano cuyo comienzo se encuentra en la cultura celta, desarrollando sus raíces en el antiguo festival conocido como Samhain (pronunciado «sow-in») que significa «fin de verano». Esta velada se celebraba al finalizar la temporada de cosechas en Irlanda para dar comienzo al «año nuevo celta», coincidiendo con el solsticio (máxima diferencia de duración entre el día y la noche, porque el sol está en el punto más alejado del ecuador celeste). Durante esa noche era habitual colocar una vela encendida en las ventanas para que los muertos «encontrasen su camino».
Y digo yo que siempre nos estamos quejando de que hay tradiciones que con los años han desaparecido y no está mal recordar que en el mismo Euskadi, hace muchos años, nuestras abuelas y abuelos también vaciaban calabazas para sorprender y asustar en las largas noches de invierno…¿Por qué no disfrutar de nuestras tradiciones (no perderlas) o de las tradiciones de los demás? Yo creo, que lo bueno es encontrar un rato para olvidarnos de los problemas diarios y disfrutar con nuestra familia y amigos, siempre respetando las ideas de los demás 😉 y Halloween últimamente nos invita a ello.
