La docencia

El pasado miércoles, 5 de octubre, fue el Día Internacional del Docente. Este hecho, me ha llevado a pensar en esta profesión, a poner la mirada sobre la educación, en cómo las cosas van cambiando, aunque… no a la velocidad que debieran.
Una abrumadora mayoría de educadores, se dedican a impartir conocimiento, no son especialmente creativos, sus clases son magistrales y su única preocupación es la eficacia, es decir, meter en las cabecitas de sus alumnos el mayor número de hechos y datos, con un mínimo tiempo. El modelo de educación obliga a prestar atención al orden y al silencio de las aulas y para nada al disfrute. El aprendizaje se centra más en el comportamiento que en el pensamiento, esto es, el alumno se centra en aprender cómo tiene que comportarse y qué tiene que contestar, sólo reacciona ante las calificaciones y exámenes, sólo lee un libro si es de «lectura obligatoria»… sus pensamientos los guarda para sí, castigando su creatividad.
¿No sería genial que los docentes facilitaran a sus alumnos el descubrimiento de su identidad (sus verdaderos deseos, lo que les gusta, en lo que son buenos) y con ello poder descubrir su vocación y su propio destino?
Yo soy de las que apuesta por una escuela que enseñe valores, que sea capaz de crear magia en el aula, que atraiga lo suficiente para transformar al alumno en participante, en la que haya dinamismo, historias y humor, una escuela que sirva de guía para que cada uno consiga sus propios objetivos, disfrutando en el camino y haciendo que aprender sea una eterna aventura.la-educacion

«La gente olvidará lo que digas,
la gente olvidará lo que hagas,
pero nunca olvidará cómo le hiciste sentir»
(Marian Helú)

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